La Violencia Doméstica
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1.- EN BÚSQUEDA DE SU DEFINICIÓN
¿Tiene o ha tenido que experimentar los malos tratos de su novio/a, su marido/esposa o su compañero/a íntimo/a?; ¿ha padecido amenazas, daño físico o ataque sexual en forma de someterla/o a actos lúbricos, libidinosos y/u obscenos no consentidos?; ¿la/lo ha amenazado con aislarle a usted de su familia o amigos, o ejecutado tales amenazas?; ¿le ha administrado de forma limitativa e individualmente, el dinero del matrimonio o pareja?
Éstos son ejemplos de violencia y/o abuso domestica/o, que tanto imperan en la sociedad actual, donde el autor de tales actos de violencia familiar maltrata al compañero/a de la pareja, al/la esposo/a, o a los niños en forma de golpes, palizas o provocando en la relación familiar, una situación de coacción desbordada y miedo hacia el/la maltratador/a.
Esta violencia se manifiesta de muchas formas, y puede pasar de vez en cuando o todo el tiempo que dura una relación de convivencia. Aunque cada situación es diferente, resulta inteligente, que al primer indicio o suceso de cualquiera de estas señales, se intente parar por los medios legales y sociales a nuestro alcance, para evitar su repetición, su incremento o/y su gravedad en el futuro, ya que se trata de un fenómeno que tiende a aumentar su frecuencia y severidad, la mayoría de las veces.
En este modesto ejercicio de investigación, vamos a enfocar la violencia doméstica, entendida como aquella que es ejercida por el/la compañero/a, concretado en la persona que se caracteriza por una conducta intrafamiliar violenta o que controla la conducta de otra, que suele ser compañera/o o estar unido por alguna relación familiar o de hecho; normalmente esposa, novia, o amante. Aunque en esta clase de delitos, la/el compañera/o es el blanco preferente, la violencia familiar también puede ser dirigida a menudo hacia niños (hijos o no), y a veces hacia otros miembros de la familia, amigos, y espectadores, intentándolos controlar al igual que a su compañero/a.
Aunque menos conocida, hay que dejar constancia de que la violencia domestica también ocurre en parejas homosexuales (entre mujeres y entre hombres) y en un número pequeño de casos, por mujeres contra hombres.
Pero no habría rigurosidad en este trabajo, sino se señalase la cruda realidad de que el 95 por ciento, aproximadamente, de las víctimas de la violencia doméstica son mujeres.
Una de cada cuatro mujeres en este país sufre algún tipo de violencia de manos de su esposo o su novio.
Aquellos funcionarios del Cuerpo Nacional de Policía, que ejercen su trabajo diariamente en la calle, en unidades dependientes de la Sala del 091 (radiopatrullas, policía de proximidad, motos, etc.), o específicamente en las Unidades de Delitos Especializados y Violentos -Servicio de Atención a la Familia-, son multitud de veces testigos de las lesiones producidas por los maridos, compañeros o amantes hacia su pareja, siendo la mayoría de las veces, los primeros que acuden al lugar de los hechos o al hospital, en funciones de Policía Judicial, para recabar los primeros datos y partes facultativos; poniéndolos todos ellos posteriormente, en conocimiento de la Autoridad Judicial, mediante el oportuno atestado en forma de comparecencia en dependencia policial.
La víctima, sumida en el miedo, muy pocas veces se atreve a comentar con otra persona lo que le ocurre: un amigo, un pariente, un vecino o la propia Policía. Afortunadamente sin embargo cada día son más las mujeres que se atreven a hacerlo, y ya van quedando atrás comportamientos sociológicos que ocultaban esta clase de problemas en forma de delitos. La sociedad española va tomando conciencia cada vez más, no sólo de la gravedad de la violencia contra la mujer, sino también de la verdadera dimensión que este problema comporta. Hoy, la violencia contra la mujer ha superado la dimensión privada, pasando a ser considerada como un ataque contra la dignidad humana, contra la propia sociedad y contra la misma esencia de la democracia.
Ellas comparten sentimientos de impotencia, aislamiento, culpa, temor y vergüenza. Todas esperan que no suceda nuevamente, pero a menudo se repite.
La violencia doméstica no sólo es una fría cifra de mujeres y de niños maltratadas/os de los servicios de salud públicos españoles. Además hay que tener en cuenta la vulneración de los Derechos Humanos que representa su comisión:
En España, como ocurre desgraciadamente también, en los países de nuestro entorno occidental, mujeres y niños son víctimas de violaciones a sus derechos humanos, tales como el derecho a vivir exentos de miedo y con respeto a su dignidad merecida de mujeres y hombres libres. Nadie merece que le produzcan daños físicos y/o emocionales, ser pegado, vencido, humillado por parte de nadie; y menos dentro de una relación familiar o de convivencia de hecho, en la que debería predominar el amor y la tolerancia en vez del pánico o el terror.
Los artículos siguientes de la Declaración Universal de Derechos del Hombre, adoptada por las Naciones Unidas en 1948, describe algunos de los derechos que estamos examinando:
ARTÍCULOS
Artículo 1: Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.
Artículo 3: Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.
Artículo 5: Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.
Artículo 12: Nadie será objeto de injerencias arbitrarias a su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias y ataques.
Artículo 28: Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos.
La última reforma del Código Penal español señala en su artículo 153, como un delito especial de lesiones (aunque no las haya) la COTIDIANIEDAD (al menos tres actos) de la violencia doméstica; pretendiendo el legislador dar respuesta a este gravísimo problema social y jurídico, cuyo escenario son tantísimos hogares españoles, donde el abuso de superioridad, impuesto desde la fuerza física, que deriva también hacia la fuerza psíquica y emocional, en un marco de convivencia diaria dentro de la intimidad del domicilio familiar.
Pero el codificador amplió el catálogo de las víctimas, dando protección también a los hijos del cónyuge o de la pareja con la que se conviva, así como a incapaces, para dar también respuesta a la problemática del maltrato a niños de padres divorciados y a ancianos que sufren la agresión crónica de manos de sus propios familiares con los que se ven obligados a convivir. Para esto último habría que recordar que el Código no exige la declaración judicial civil de incapacidad, sino que simplemente considera incapaz a todo aquél que no puede gobernar su persona o sus bienes (art.25).
El requisito de HABITUALIDAD (al menos tres actos) es el que hay que tener en cuenta para distinguir el comportamiento delictivo (art.153), de la falta de malos tratos sin lesión en el ámbito familiar (art. 617, 2º).
Pero el problema ha tomado tal dimensión en nuestros días, que merecería ser considerado no solo como un tipo especial del delito de lesiones, sino como una violencia de género, que debería ser tenida en cuenta en las futuras reformas del Código Penal y de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, introduciendo en estas normas la posibilidad de aplicar la orden de alejamiento de los maltratadores. Una medida, que debería ponerse en marcha cuanto antes, ya que de ella depende muchas veces la integridad física de la víctima.
Finalmente habría que reconocer que es necesario una mayor sensibilización de los componentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, de los facultativos sanitarios y en general, de los profesionales que deben atender a estas víctimas, para sino erradicar, por lo menos mermar la incidencia de este delito en las estadísticas policiales, judiciales y médicas.
MITO 1
La violencia doméstica no afecta a muchas personas.
HECHO 1
Se pega a una mujer cada 15 horras.
La violencia doméstica es la causa principal de lesiones a mujeres de edades comprendidas entre los 15 y los 44 años; más que accidentes de circulación, atracos, y violaciones.
Las mujeres golpeadas son más propensas a sufrir abortos y dar a luz a bebés con bajo peso al nacer.
El 73% de los hombres jóvenes de edades entre 11 y 20 años que han sido condenados por homicidios o asesinatos han abusado alguna vez de su propia madre o de algún pariente cercano.
MITO 2
Maltratar es sólo una consecuencia y la acción, por la pérdida momentánea de la cordura y el temple.
HECHO 2
Maltratar es el establecimiento de un abuso de superioridad, a través del miedo en una relación violenta física y o mediante otras formas de abuso: intimidación, amenazas, atropello psicológico, aislamiento, etc. con objeto de dominar y controlar totalmente a la otra persona.
El hecho de la violencia familiar aparece en determinados espacios temporales y sociales, donde no preocupa su práctica; pero precisamente por ello, siempre hay que tener en cuenta que en estos casos, el terror a denunciar estas situaciones, es un factor que dificulta la verdadera y exacta dimensión del problema.
Una de cada cinco mujeres víctimas y que se atreven finalmente a denunciar, han sido previa y reiteradamente, maltratadas por sus esposos.
MITO 3
La violencia doméstica sólo ocurre en áreas pobres urbanas.
HECHO 3
Las mujeres de todas las culturas, razas, edades, ocupaciones, nivel de ingresos, etc. son maltratadas por sus maridos, novios, amantes y compañeros.
Aunque hay una mayor proporción de mujeres pobres maltratadas, aproximadamente uno de cada tres hombres denunciados, están bien considerados y respetados en sus trabajos, habiendo una buena proporción de profesionales liberales entre los denunciados: doctores, psicólogos, abogados, ejecutivos, políticos, etc.
Las víctimas de la violencia doméstica provienen de todos los sectores sociales; de todas las culturas, tanto de grupos de bajos como de altos ingresos; de todas las edades, de cualquier religión o creencias, etc.
MITO 4
La violencia doméstica es sólo un empujón, una bofetada o una patada, que no produce lesiones serias.
HECHO 4
Las mujeres golpeadas están a menudo severamente dañadas: de un 22 a 35 % de las mujeres que acuden a los servicios de urgencia médicos, lo hacen por lesiones relacionadas con su compañero sentimental, que ejerce sobre ella, un continuado abuso.
Una de cada cuatro mujeres embarazadas tiene una historia que contar sobre la violencia de su compañero.
MITO 5
Para las mujeres maltratas es muy fácil salir de esa situación de abuso.
HECHO 5
Las mujeres que salen de una situación de maltrato sufren un 75% más riesgo de ser asesinadas por sus compañeros maltratadores, que las que quedan en su domicilio padeciendo la situación de sometimiento.
El 50 % de todas las mujeres que se encuentran resguardas por instituciones sociales o por el contrario, sin casa, ni hogar, ni hijos, viviendo en las calles; es debido a la violencia en el hogar.
4.- ¿ES USTED VÍCTIMA DE MALOS TRATOS?
LA PERSONA QUE USTED "AMA"
¿La obliga a copular, o es atacada en forma de someterla a actos lúbricos, libidinosos y/u obscenos no consentidos, contra su expresa voluntad?
SI SU RESPUESTA A LAS ANTERIORES PREGUNTAS ES "SI" , ES HORA DE PEDIR
AYUDA
5.- SI A USTED LA MALTRATAN ¿QUE PUEDE HACER?
No existe una solución fácil, pero hay cosas que usted puede hacer para protegerse.
Primero llame a la Policía. La agresión, aún por miembros de la familia, es un delito. Busque en su guía telefónica ayuda de los servicios sociales de su comunidad, o llame a la Policía a través de su teléfono de urgencias: 091. Casi siempre los miembros del Cuerpo Nacional de Policía tienen información o sabrán encauzar sus demandas sobre como denunciar los hechos, sobre albergues, casas de acogida, y otras instituciones u organismos que ayudan a las víctimas de la violencia doméstica. La mayoría de los organismos públicos (Ayuntamientos, Comunidades Autónomas o Gobierno) ofrecen recursos a las víctimas de la violencia doméstica.
Puede marcar también el siguiente teléfono gratuito, de ayuda y atención a las víctimas de malos tratos, perteneciente al Instituto de la la Mujer (Secretaría de Estado de Asuntos Sociales):
900191010
Si cree que usted y sus hijos, corren peligro, vallase inmediatamente de su casa o procure que alguien de su confianza venga y se quede con usted. Después trate de buscar o que le orienten hacia un albergue para mujeres maltratadas. Para ubicar tales albergues, llame por teléfono a la Policía, a cualquier otra línea de auxilio de su población o a un centro de salud. Obtenga atención médica de su médico de cabecera o de los servicios de urgencia de un hospital. Si puede ser, solicite al personal que tome fotografías de sus heridas por si acaso usted decide emprender alguna acción legal.
Vallase haciendo un historial de las agresiones sufridas para su protección legal: anote detalladamente las situaciones de violencia, recopile todas las pruebas disponibles, como partes médicos de lesiones, denuncias, objetos y fotografías con carretes fechados, donde se aprecien señales de maltrato.
Comuníquese con el Juzgado de Guardia pida información sobre cómo obtener una orden judicial de protección de usted y sus hijos, independientemente de las repercusiones penales para su compañero maltratador.
NO IGNORE EL PROBLEMA
Hable con alguien. Parte del poder de quien la maltrata viene de estar protegido por el secreto. A menudo las víctimas sienten vergüenza y no desean que nadie se entere de sus problemas íntimos familiares, pero por su seguridad e integridad física, y tal vez también por la de sus hijos, procure cuando actúe el maltratador atacante, hacer todo el escándalo posible para que la oigan sus vecinos, con los que debería concretar una señal para que llamen a la Policía.
Descarte de su vestuario prendas o complementos que el agresor pueda utilizar para dañar o matar. En el momento del ataque, proteja sus partes vitales con los brazos.
Diríjase a un amigo o a un vecino, o llame a la línea de auxilio doméstico para hablar con un consejero.
La Secretaría de Asuntos Sociales del Gobierno español tiene editada la Guía de los Recursos y Centros de Interés para Mujeres; ¡acuda a las distintas delegaciones de asuntos sociales con competencias en ámbitos nacionales, autonómicos o locales y pida información o esta guía directamente!
Así mismo, la Confederación de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios (CEACCU) ha editado un guía de ayuda titulada "Como prevenir la violencia contra las mujeres". Este folleto puede solicitarse gratuitamente al teléfono de Madrid: 915945089.
Planifique por adelantado y sepa lo que va a hacer si usted es atacada nuevamente. Tenga a mano los teléfonos de la Policía y de familiares que la puedan auxiliar. Si decide huir, hágalo habiéndolo meditado sosegadamente; un buen consejo es la tranquilidad y la lucidez, aunque en estas situaciones parezcan tan difíciles. Lo fundamental es la planificación de cuando y a dónde huir y elegir el momento sin dar pistas. Lo segundo es poner sus papeles importantes juntos (libro de familia, Documento Nacional de Identidad, tarjeta sanitaria, contratos y recibos, nómina de la pareja, certificado de nacimiento, libreta o cheques bancarios, nº de matrícula del/los coche/s del matrimonio, etc.) y los objetos que se va a llevar (de valor, llaves) en un lugar donde usted pueda encontrarlos rápidamente.
Lo tercero es pensar con que recursos económicos cuenta (es conveniente abrir una cuenta bancaria sólo a nombre de la víctima) y quien la va a ayudar (es preciso hacer una lista de personas de absoluta confianza, sobre todo familiares y amigos preferentemente que no sean comunes).
Una vez fuera del escenario del maltrato, conviene cambiar todo lo posible, los hábitos de su anterior vida cotidiana, para evitar que el agresor, (que no estará dispuesto a que la víctima salga fácilmente de su vida) aumente la presión para evitarlo.
Aprenda a pensar independientemente. Trate de hacer planes para el futuro y establezca unas metas personales.
6.- ¿HA MALTRATADO USTED A ALGUIEN DE SU FAMILIA?
Si es así, usted debe saber que por ello (más tarde o más temprano) puede perder su trabajo; ver quebrar o estancar su carrera profesional; como sus familiares, amigos, vecinos y compañeros de trabajo proferirán ofensas contra su persona, además del mal concepto que se formaran sobre usted, debido a las detenciones, juicios, cumplimiento de condenas, asistencias sanitarias, visitas de la Policía, etc., que ello le va a acarrear. Y lo más importante: se pierden vidas cuando la violencia llega a ocasionar la muerte.
Acepte el hecho que su comportamiento violento le destruirá a usted mismo, a su familia y a los que le rodean. Sea consciente de que cuando ataca físicamente a otra persona, usted está violando la ley.
Asuma la responsabilidad de sus acciones: pida y obtenga ayuda de los servicios sociales.
Cuando sienta que aumenta la tensión, vallase. Utilice la energía proveniente de su ira pare caminar, trabajar en un proyecto o practicar algún deporte.
Llame a una línea de ayuda para casos de violencia doméstica o a un centro de salud y averigüe la existencia de servicios de consejeros, grupos de apoyo, psiquiatras y psicólogos para las personas que maltratan a sus allegados.
7.- EL ALTO COSTO DE LA VIOLENCIA DOMESTICA
Una sangría para las economías de los países.
Pero dejemos hablar también a las cifras. Los devastadores efectos de la violencia doméstica en las economías impactarían más si nos parásemos a pensar en los miles de millones de pesetas consumidos por los gastos que ocasionan estos delitos en salud, policía, justicia y merma de la productividad.
Como todavía este problema esta emergiendo desde el ámbito privado al ámbito público en España, América Latina y el Caribe casi no hay cifras disponibles sobre estas áreas, ya que hasta ahora no han comenzando a realizarse estudios sobre el impacto económico de la violencia doméstica.
Sin embargo otras instituciones mundiales y otros países más desarrollados ya poseen datos reveladores sobre lo que se nos puede venir encima.
Un estudio del Banco Mundial, pone de manifiesto que uno de cada cinco días laborables que pierden las mujeres por razones de salud es el resultado de problemas relacionados con la violencia doméstica.
Por otro lado, un informe hecho en Canadá, revela que este tipo de violencia causa un gasto de unos 1.600 millones de dólares anuales, incluyendo la atención médica de las víctimas y las pérdidas de productividad. Mientras, en Estados Unidos, diversos estudios determinaron pérdidas anuales de entre 10.000 millones y 7.000 millones de dólares por las mismas razones.
Los efectos en la propia mujer víctima de la violencia son los más inmediatamente visibles: gastos en salud, ausentismo laboral, disminución de ingresos para el grupo familiar, etc. Pero ellos constituyen apenas la punta del iceberg frente al costo que el problema tiene para los países, como impacto global en sus sistemas de salud, aparatos policiales y régimen judicial.
"Los costos indirectos pueden superar ampliamente a los costos directos", estima Mayra Buvinic, jefa de la Unidad del Programa de la Mujer en el Desarrollo del BID.
Un impacto importante se observa en la salud materna durante el embarazo, por los severos efectos que tiene en los hijos antes de nacer. Las agresiones físicas y psicológicas provocan mayores tasas de mortalidad prenatal e infantil, y problemas de salud que acortan la vida activa de las mujeres.
Un estudio sobre Nicaragua recién realizado por el BID muestra que los hijos de familias con violencia intrafamiliar contra la mujer son tres veces más propensos a asistir a consultas médicas y también son hospitalizados con mayor frecuencia. El 63 por ciento de estos niños repite años escolares y abandona la escuela en promedio a los 9 años de edad, frente a una escolaridad hasta los 12 años en los hijos de mujeres que no sufren castigos graves.
Los hombres y las mujeres que siguen el ejemplo de sus padres y usan la violencia para resolver los conflictos, les están enseñando el mismo comportamiento destructivo a sus hijos.
La violencia se convierte también en gran medida en una escuela que prolonga y perpetúa el mal: cuando los niños son víctimas o testigos de abusos, tienden a repetir esas mismas conductas.
9.- EL ELEMENTO DE LA POBREZA.
Estudios hechos por el BID analizan la relación entre la violencia doméstica y otras variables socioeconómicas, como la violencia social y la pobreza.
"El nivel de violencia social determina en gran medida la capacidad de una sociedad para lograr un crecimiento económico sostenido", afirma Mayra Buvinic, y agrega que la pobreza es un significativo factor de riesgo para la violencia doméstica. En Chile, por ejemplo, los casos de violencia física son cinco veces más frecuentes en los grupos de bajos ingresos, mientras que la violencia física grave es siete veces más común entre los pobres, relación que se ha verificado también en otros países.
Hay evidencia, además, de que las mujeres golpeadas son más pobres. En Nicaragua, las mujeres víctimas de violencia física grave perciben menos de la mitad de los ingresos laborales que las mujeres no víctimas.
¿MÁS TRABAJO, MENOS ABUSO?
Los datos más recientes en el mundo occidental, muestran que una manera de reducir la violencia doméstica es la mayor participación de la mujer en la fuerza laboral, fenómeno que al mismo tiempo estimula el desarrollo económico de un país.
El estudio del BID en Nicaragua determinó que son víctimas de violencia física grave el 41 por ciento de las mujeres que no trabajan en forma remunerada, mientras que entre las que sí trabajan por un pago (y lo hacen además fuera del hogar) la violencia física grave sólo afecta al 10 por ciento.
Por otra parte, las mujeres que reciben ingresos no laborales son significativamente menos susceptibles al maltrato físico por parte del cónyuge. En Nicaragua, por ejemplo, sólo el 2,78 por ciento de las mujeres que cuentan con apoyo financiero de otros miembros de su familia son víctimas de violencia física. La otra cara de la moneda es que las mujeres que no cuentan con ningún ingreso propio --especialmente las que trabajan sin remuneración en negocios familiares-- son más frecuentemente víctimas de violencia doméstica.
Una estrategia posible para reducir la violencia doméstica, entonces, sería alentar la intervención activa de la mujer en la economía. Y una de las maneras más efectivas de hacerlo, señalan varios estudios, es la ayuda para el establecimiento de microempresas.
La magnitud de los costos de la violencia, enraizada profunda y persistentemente en el tejido social, ha alertado a los gobiernos sobre la necesidad de acción. Mejorar la condición de la mujer y desarrollar su potencial económico es una de las vías para alcanzar un crecimiento no sólo más equitativo y más sustentable sino también más justo y más humano.
UNA REALIDAD QUE GOLPEA:
En Chile, un estudio reciente reveló que casi el 60 por ciento de las mujeres que viven en pareja sufren algún tipo de violencia doméstica y más del 10 por ciento agresión física grave.
En Colombia, más del 20 por ciento de las mujeres ha sido víctima de abuso físico, un 10 por ciento ha sufrido abuso sexual, y un 34 por ciento, abuso psicológico.
En Ecuador, el 60 por ciento de las residentes en barrios pobres de Quito han sido golpeadas por sus parejas.
En Argentina, el 37 por ciento de las mujeres golpeadas por sus esposos llevan 20 años o más soportando abusos de este tipo.
10. LAS ESTADÍSTICAS MÁS RECIENTES
La Secretaria General de Asuntos Sociales española, Amalia Gómez, ha puesto recientemente de manifiesto que durante los cinco primeros meses de 1998 se presentaron 7.469 denuncias por violencia doméstica, 392 más que en el mismo periodo del año anterior. Y destacó el aumento de las consultas al teléfono de atención a las mujeres maltratadas: de 148 llamadas en el primer semestre de 1997, a 2.017 en el de 1998.
Según los datos del Ministerio del Interior, expuestos por Amalia Gómez, en los seis primeros meses de 1998, 15 mujeres murieron a manos de sus maridos o compañeros. Sin embargo, la Federación de Mujeres Separadas y Divorciadas cifra en 31 las muertas por la violencia doméstica.
Un estudio realizado en Nicaragua en 1997 arroja resultados que podrían reflejar la punta del iceberg de lo que ocurre en España:
11.- ¡ASUMA USTED UNA POSTURA; TOME PARTIDO POR LA DIGNIDAD HUMANA!
Ofrezca ayuda a cualquier persona que usted crea que es víctima de violencia doméstica o a quienes usted considera que son peligrosos o violentos. No se dé por vencido fácilmente (toma tiempo cambiar). El terminar con el aislamiento de la familia es un primer paso muy importante.
Inste a las organizaciones y a los negocios a que conciencien a la comunidad por medio de conferencias sobre violencia doméstica, el lanzamiento campañas de educación al público y la recolección de fondos pare albergues y líneas telefónicas de auxilio
Solicite a los periódicos y a las emisoras de radio o de televisión que examinen el problema y den publicidad, a través de foros y programas especiales, a los recursos existentes en la comunidad.
En los ámbitos, vecinales, sindicales, políticos o cualquier otro tipo de asociacionismo, forme juntas o grupos de defensa contra la violencia domestica. Intente fiscalizar las acciones de los asistentes sociales, de los Tribunales, de los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, del personal sanitario, etc. Si merecen alabanza, dispénsesela, pero también exija reformas y sanciones disciplinarias cuando sean necesarias; es su derecho. No olvide que son ustedes mismos los que nos pagan a través de los impuestos. Nuestro deber no es tapar nada ni a nadie; sino servir lo mejor posible al pueblo, a la democracia y a la legalidad vigente, en sus mas variadas formas.
© cartujo / diciembre 1999 - enero 2000