| LOS
SUCESOS DE CASAS VIEJAS
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El 11
de enero de 1933,
los anarquistas de la central anarco-sindical CNT-FAI se
levantaron en armas en toda España. El movimiento fracasó
pero los habitantes de Casas Viejas (Cádiz) no tuvieron
conocimiento de ello y proclamaron por su cuenta el comunismo
libertario.
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Tras el
alzamiento anarquista por los los cenetistas de Casas Viejas, por orden
gubernativa llegaron a las cinco de la tarde, al mando del
Teniente Gregorio Fernández Artal fuerzas de orden
público de refuerzo (doce guardias de asalto y cuatro guardias civiles)
al pequeño cuartel sitiado de la guardia
civil, logrando romper el cerco y hacer huir a los
aldeanos, ocupando el pueblo y efectuando registros de las casas. Se
detuvo entonces a Manuel Quijada Pino reconocido por la guardia civil como uno de los que
dispararon por la mañana contra su cuartel, y lo encaminaron hacia la choza
del militante libertario Curro Cruz, alias Seisdedos. Los intentos de rendirlos
fracasaron: Al tratar de violentar la puerta el guardia de asalto
Ignacio Martín Díaz
fue alcanzado por dos disparos a quemarropa y cayó herido en el interior de la
choza, siendo apresado por los insurgentes. Se paró el tiroteo y
hubo calma hasta las diez de la noche. |
| El
Director General de Seguridad, dio la orden de enviar refuerzos:
una compañía compuesta por noventa guardias de asalto desde
Cádiz al mando del capitán Manuel Rojas Feigenspan,
provistos de bombas de mano y una ametralladora, que llegaron
hacia las dos de la madrugada. La orden de Arturo Menéndez López
fue tajante: ni heridos ni prisioneros cuando se hiciera fuego.
El Capitán Rojas
ordenó el ataque con granadas. Como no dio resultado, llegó un
telegrama terminante del gobernador: "Es orden terminante del
Ministro de la Gobernación (Casares Quiroga) se arrase casa donde se han hecho fuertes los
revoltosos", por lo que se procedió al incendio de la
choza con gasolina, dando el siguiente resultado: Una mujer y un
chico pudieron escapar; otra mujer y un hombre murieron abatidos a
tiros, mientras los demás perecían abrasados. |
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Más
tarde, se hizo una gran redada en el pueblo y se fusiló a 14
personas sospechosas de haber intervenido en la rebelión, sin
juicio y sin las garantías del derecho ni las normas
constitucionales republicanas de 1931. Saldo final: Murieron
23 campesinos y 3 agentes del orden.
Antes
de abandonar Casas Viejas, las fuerzas policiales recibieron
la siguiente arenga del delegado gubernativo, Fernando de
Arruinaga Martín-Barbadillo: "Habéis cumplido con
vuestro deber. El Gobierno por mi conducto os felicita.
Gracias a vosotros, a vuestro valor, a vuestra energía y
disciplina, a vuestra obediencia a las órdenes de vuestros
jefes, la República ha podido vencer un grave peligro y puede
seguir el camino triunfal y glorioso abierto el 14 de abril.
Vuestra magnífica conducta merece bien de la Patria y de la
República. ¡Viva la República!".
Conocida
posteriormente la verdad de lo sucedido, estalló el escándalo;
la matanza conmocionó a la opinión pública española y asestó
un duro golpe al Gobierno izquierdista: Los cenetistas y los
comunistas arremetieron contra Manuel Azaña por la acción
sanguinaria ordenada por el Gobierno.
Manuel
Azaña Díaz (Presidente del Gobierno, tras la dimisión de
Alcalá Zamora y simultáneamente Ministro de la Guerra; por
tanto el responsable de Casas Viejas) justificó la matanza en un
primer momento, pero cuando dos meses después conoció los
detalles, confesó su desolación. La IIª República le procesó
por la imputación de uno de los implicados que le acusaba de
haber dado la orden de «tiros a la barriga», que equivalía a la
muerte.
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Conocida
posteriormente la verdad de lo sucedido, estalló el escándalo;
la matanza conmocionó a la opinión pública española y asestó
un duro golpe al Gobierno izquierdista: Los cenetistas y los
comunistas arremetieron contra Manuel Azaña por la acción
sanguinaria ordenada por el Gobierno.
Manuel Azaña Díaz
(Presidente del Gobierno, tras la dimisión de Alcalá Zamora y
simultáneamente Ministro de la Guerra; por tanto el
responsable de Casas Viejas) justificó la matanza en un primer
momento, pero cuando dos meses después conoció los detalles,
confesó su desolación. La IIª República le procesó por la
imputación de uno de los implicados que le acusaba de haber dado
la orden de «tiros a la barriga», que equivalía a la muerte. |
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No
mucho mejor resultó el acta firmada por los capitanes del
Ejército Félix Fernández Prieto, Gumersindo de la Gándara
Marsella, José Hernández Labarga, Jesús Loma Arce y Faustino
Rivas Artal, destinados en la Guardia de Asalto: "Que por el prestigio
y la dignidad del cuerpo al que se honran en pertenecer, manifiestan
que en la citada fecha les fueron transmitidas desde la Dirección
General de Seguridad, por conducto de sus jefes, las instrucciones
verbales de que en los encuentros que hubiera con los revoltosos con
motivo de los sucesos que se avecinaban en aquellos días, el
Gobierno no quería heridos, dándoles el sentido manifiesto de que
únicamente entregáramos muertos a aquellos que se encontrasen
haciendo frente a la fuerza pública o con muestras evidentes de
haber hecho fuego sobre ellas. Y para que conste firman por
duplicado el presente. ¡Viva la República!".
La
prensa en los primeros momentos justificaba la represión, pero
cuando se conocieron las confesiones del Teniente Artal, emprendió
mayoritariamente una campaña contra el Gobierno. Y
la derecha, olvidando por un momento sus continuas llamadas a la
represión firme, encontró una oportunidad de oro para atacar al
Gobierno utilizando la masacre como arma política.
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El
capitán Manuel Rojas Feigenspan, en la Audiencia de Cádiz |
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El
Capitán Rojas fue juzgado acusado de catorce delitos de
asesinato, de los cuales sólo resultó culpable de tres. El
jurado de la Audiencia Provincial de Cádiz le condenó el 28 de
mayo de 1934 a la pena de 21 años de prisión, pero los
sublevados lo pusieron en libertad tras el Alzamiento Nacional y
pudo participar en tareas de represión en Granada, donde fue
vinculado con la ejecución de García Lorca. Mientras tanto
Manuel Azaña, Casares Quiroga y Arturo Menéndez López,
Presidente del Gobierno y Ministro de la Guerra, Ministro de la
Gobernación y Director General de Seguridad respectivamente,
fueron absueltos y/o sobreseídas sus implicaciones penales. No
así sus implicaciones políticas: La campaña de acoso de
la prensa terminó con la caída de Azaña y su
Gobierno. El día 5 de marzo dimitía de su cargo Menéndez
López; Manuel Azaña Díaz lo hacía el 8 de septiembre.
Sesenta
años después, el historiador Juan Pablo Fusi concluyó que
hay importantes paralelismos ente la caída de Manuel Azaña y
la afrontada por Felipe González Márquez a la hora de dar
cuenta del caso GAL.
Pero
hay otra tragedia de Casas Viejas, y por cierto la más olvidada
como siempre, fue la que sufrieron los guardias de asalto y los
guardias civiles del puesto de Casas Viejas cuando fueron atacados
al amanecer del miércoles 11 de enero de 1933 por quienes acababan
de proclamar el comunismo libertario, unos 200 campesinos armados
con escopetas y hoces.
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Su
comandante era, desde el mes anterior, el sargento Manuel García
Alvarez, quien falleció dos días después en el hospital militar
de Cádiz como consecuencia de los disparos recibidos. Los guardias
eran Román García Chuecos -quien el 4 de febrero murió también
por idéntica causa en dicho hospital-, Pedro Salvo Pérez y Manuel
García Rodríguez, que resultaron heridos.
El
5 de abril, el Inspector General del benemérito Instituto, Cecilio
Bedia de la Cavallería, ordenó la apertura de juicio
contradictorio para determinar si los citados guardias civiles eran
acreedores a la cruz laureada de San Fernando, "con motivo de
su actuación en la defensa de la casa-cuartel al ser atacados por
los revolucionarios con idea de apoderarse del inmueble y
armas", encomendando su instrucción al capitán Pablo Incera
Vidal, destinado en Jerez de la Frontera. Dos años después, el
expediente del suceso que había sido declarado por decreto de 18 de
enero de 1933 "hecho de guerra", fue archivado con una
ridícula excusa de defecto de forma, si bien el 5 de junio se les
ascendió al empleo superior.
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La
Compañía de Vanguardia (Sección de Asalto) del Cuerpo de Seguridad desde
el primer momento llevaron un uniforme mas cómodo para
desempeñar su trabajo y a partir de marzo de 1932, siempre de
color azul tina. La "esclavina", como prenda de
abrigo fue sustituida por un abrigo, también conocido como
"chester", no llevaban tresilla en la bocamanga y el
cuello de la guerrera era del mismo color del uniforme, menos
rigido que el utilizado por el Cuerpo de Seguridad, llevando
en él, un emblema de cuerpo, que consistía en las iniciales
CS entrelazadas y sobre ellas la corona mural. Como calzado
los conocidos como "legüis", que eran una especie
de polainas de cuero que llegaban hasta la rodilla. |
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La Sección
de Asalto estaba
formada por dos Pelotones, y era mandada por un Teniente, teniendo
lógicamente, dos camiones.
Tres
Secciones conformaban la Compañía de Asalto, mandada por un
capitán y con seis camiones de dotación, y finalmente un Grupo de
Asalto lo formaban tres Compañías de fusiles y una de una de
de las denominadas de especialidades con la siguiente composición:
Plana Mayor; Sección de ametralladoras; Sección de Morteros
y gases y la Sección motorizada, todas ellas al mando de un Jefe
del Ejercito. La sección motorizada reunía vehículos tales como
motocicletas, coches ligeros, autocares, camionetas, ambulancias y
autoametralladoras blindadas, concretamente del modelo Bilbao M32.
Cada compañía de fusiles tenía unos 120 hombres al mando de un
Capitán; con
Tres tenientes, suboficial, diez cabos y 106 guardias.
Había, al menos, una compañía de Seguridad y otra
de Asalto en cada provincia, aunque, por ejemplo, Madrid tenía 12 compañías.
Cada comandancia contaba con un Grupo de Asalto. Aunque
en un principio estas compañías sólo se desplegaron en Madrid y
Barcelona, finalmente su distribución antes de la guerra Civil
existían los siguientes Grupos de Asalto completamente dotados en
hombres, armas, material y vehículos:
- Madrid: 1º, 2º y 3º Grupo
- Bilbao: 4º Grupo
- Sevilla: 5º Grupo
- Valencia: 6º Grupo (¿y
dos grupos más?)
- Zaragoza: 7º Grupo
- La Coruña: 8º Grupo
- Granada: 9º Grupo
- Oviedo: 10º Grupo
- Badajoz: 11º Grupo
- Valladolid: 12º Grupo
- Murcia: 13º Grupo
- Barcelona: 14º, 15º y 16º Grupo
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Cada Grupo disponía de 2 autoametralladoras Bilbao.
Algunos
autores llegan a la siguiente deducción matemática: Si las
unidades estaban al completo, unos 9.600 hombres destinados en los
grupos de asalto. Si tenemos en cuenta que la plantilla total del
Cuerpo de Seguridad y Asalto era de 17.000 hombres en febrero de
1.936, (aunque Salas Larrazbal sostiene que eran 18.000 hombres)
quiere decir que el 57% de la plantilla de este cuerpo
pertenecían a esta especialidad.
Por sus muchos
meritos al servicio de la Republica, a su contribución al
restablecimiento de la paz pública, por decreto de 11 de junio de
1935, se concedió al Cuerpo de Seguridad el uso de la Bandera
Nacional. Para hacerle entrega de ella se organizó una parada el
29 de Septiembre de 1935 en el madrileño parque del Retiro,
siendo el portaestandarte el Teniente del cuerpo Perfecto Rey
Castiñeira, único caballero Laureado de san Fernando que ha
tenido el cuerpo (en 1936 este Teniente del Cuerpo de Seguridad y
Asalto estaba destinado en Melilla). |
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Gorra
de plato de Guardia de Asalto, donde se aprecia las siglas C y S
(Cuerpo de Seguridad) entrelazadas y sobre ellas la corona
mural. |
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Otra
de las innovaciones republicanas en la Policía Gubernativa fue el
desarrollo de la nueva Brigada del Banco de España (antecesora de
la actual Brigada de Investigación del Banco de España),
integrada por seis miembros del Cuerpo de Investigación y
Vigilancia, teniendo uno de ellos la categoría de Inspector.
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En agosto de 1.934,
el Instituto Agrario Catalán de San Isidro, que agrupaba a los
propietarios agrícolas, organizó un viaje a Madrid, con programa
de actos y manifestaciones apoyadas por la C.E.D.A. y los agrarios.
La presencia de los catalanes en la capital española, fue causa de
tiroteos, incidentes violentos, y de una huelga general la cual había
sido convocada por la Casa del Pueblo. Tras los intensos tiroteos en
diferentes puntos de la ciudad, los muertos son muchos, así como
los heridos. En Madrid se desata la violencia marxista en las
calles, teniendo que salir soldados y guardias de asalto para poner
en circulación tranvías así como los demás servicios públicos. |
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| El día
12 de Julio de 1934, Bilbao es ocupado militarmente. A las 11:20
se presenta en el Palacio Municipal el alcalde acompañado de los
concejales y posteriormente acuerdan a las 12:00 realizar una
sesión. El comisario de policía les señala que no hay tal
sesión por ordenes del Gobierno, y tras una discusión, se le
señala al alcalde que queda destituido en nombre del Gobierno.
Tras formarse un griterío en contra del Gobernador y el
comisario, y tras algunos percances, griteríos y intentos de
votar, discusiones y forcejeos, un concejal afirma: <<conste
que hemos celebrado ya la elección y ha sido enviado el resultado
a la Junta escrutadora, porque sabíamos que se nos iba a disolver
por la fuerza.>>, abandonando los asistentes el
Ayuntamiento.
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El
Teniente de la "Guardia de Asalto", José Castillo Sáenz de Tejada,
en 1936 prestaba sus servicios en el Cuartel de Pontejos (Madrid).
Fue instructor de las milicias socialistas. |
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Portada
del diario Ahora con los sucesos de los días 12 y 13 de julio de
1.936, que según algunos, precipitaron la guerra civil española.
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En las vísperas de su boda, su futura esposa
recibió una carta anónima en la que le preguntaban porqué se casaba con un futuro
cadáver. A las 9,20 de la noche del domingo 12 de julio de 1936, el Teniente Castillo salió por última vez de su casa, en la madrileña calle Augusto Figueroa, 11, esquina a
Fuencarral. Cuando se dirigía a su destino en el Cuartel de
Pontejos, que se encontraba justo detrás del Ministerio de la
Gobernación (actualmente Interior), en la Puerta del Sol,
una ráfaga de balas acabó con su vida. El teniente iba vestido con su uniforme reglamentario y llevaba en el bolsillo una pistola que no pudo disparar. Los asesinos,
cuatro falangistas-requetés del Tercio de Madrid, huyeron en medio del pánico de los transeúntes.
Ardiente defensor de la democracia republicana, se mostró siempre dispuesto a luchar contra el fascismo, a ocupar los puestos más peligrosos en las confrontaciones, cada vez más asiduas, que tenían lugar en Madrid. No tardaron en llegarle las amenazas de muerte...
A las once y cuarto de la noche, el cadáver del Teniente Castillo fue llevado a la Dirección General de
Seguridad, en el cercano cuartel de Pontejos, donde se fueron concentrando paisanos y guardias.
La represalia inmediata, sería el asesinato del diputado de derechas José
Calvo Sotelo. Ambos acontecimientos se citan en los textos de historia
como preludios de la Guerra Civil española.
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Entre los oficiales que acudieron al cuartel de Pontejos estaba el capitán Fernando Condés Romero. Gallego de 30 años, era uno de los más jóvenes y conocidos oficiales de la Guardia Civil. Militaba en el Partido Socialista y era íntimo amigo de Castillo desde la época en que ambos coincidieron en Marruecos, en el Grupo de Regulares de Infantería "Tetuán 1".
Condés lloró amargamente ante el cadáver de su viejo camarada entre los gritos ensordecedores pidiendo venganza pronunciados por los compañeros del asesinado. Todos hablaban acaloradamente sobre el crimen y discutían sobre las medidas que había que adoptar frente a esta provocación. |
Momentos más tarde, del Cuartel de Pontejos salió una expedición compuesta por guardias de asalto, Condés y un pistolero socialista llamado Luis Cuenca Estevas, gallego como Condés y antiguo matón a sueldo del dictador cubano
Machado, además de militante de las Juventudes Socialistas del
PSOE, que en aquellas fechas lideraba Santiago Carrillo. Cuenca era, en palabras del también socialista Máximo de Dios, un asesino nato. Según parece, él fue el que terminó con la vida del falangista Matías Montero, en febrero del 1934.
La comitiva viajaba en la camioneta número 17 de la Guardia de Asalto conducida por Orencio Bayo
Cambronero. Su misión no era otra que la de buscar al primer dirigente de derechas que se encontraran en su camino para que acompañara a Castillo en su último viaje.
Pensaron en Gil Robles, el jefe de de la CEDA. Se dirigieron a su casa, en la calle
Velázquez. Pero aquella noche Gil Robles tuvo suerte: había salido para Biarritz el día antes;
Lerroux, del Partido Radical, tampoco estaba en casa; Antonio Goicoechea, de Renovación Española, también estaba ausente. |

La
camioneta nº 17 de la "Guardia de Asalto" del Cuartel de
Pontejos en la que fue asesinado el Diputado Calvo Sotelo |
| Fue entonces cuando Luis Cuenca sugirió el nombre de Calvo
Sotelo, que vivía por allí
cerca. Fue así como, saltando por encima del juramento de
obediencia al Gobierno y a la Constitución, vengaron en Calvo
Sotelo el asesinato del Teniente Castillo Sáenz de
Tejada. |
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Al estallar la guerra civil, la mayor parte de los integrantes de la Guardia de Asalto, un 70% según estimaciones de Salas
Larrazbal, se mantuvieron leales al Gobierno. Es más, de todos los Cuerpos que
habían quedado en la zona gubernamental era el mejor visto por la mayor parte de la población. Esto hizo que gran número de militares decidieran ingresar en este cuerpo, para evitar los recelos y suspicacias que su profesión creaba. Hasta tal punto este éxodo que Francisco Largo Caballero prohibió a los
oficiales pasarse a la Guardia de Asalto sin autorización expresa del
Ministerio de la Guerra. Pero aunque parezca extraño, por lo dicho anteriormente, la vida del Cuerpo estaba llegando a su fin.
Durante
la guerra civil iniciada en 1.936, tanto la Guardia Civil como la Policía
(integrada por los dos cuerpos que hemos ido estudiando: Cuerpo de
Investigación y Vigilancia y el Cuerpo de Seguridad y Asalto) resultaban sospechosos para los
gobernantes sublevados y para los gobernantes republicanos. Para los sublevados, porque la
"Guardia de Asalto" era una creación republicana, y porque de la Guardia Civil se recordaba su pasividad ante el advenimiento de la IIª República y su dudosa actuación ante la propia sublevación de Julio del 36, ya que los cinco generales con mando en la misma permanecieron leales a la República. No obstante eso y que muchos de sus oficiales y jefes desempeñasen un destacado papel al mando de unidades del ejército popular, la Guardia Civil fue transformada por el Gobierno republicano en “Guardia Nacional Republicana”;
fusionándola posteriormente, por decreto, el 27 de diciembre de 1936, con el Cuerpo de Seguridad y Asalto para
formar el "Cuerpo
de Seguridad Interior"
lo que
significó en el lado republicano la disolución del Benemérito Instituto
y también la disolución del Cuerpo de Seguridad y Asalto.
Se rumoreó durante mucho tiempo, que en la zona nacionalista la Junta de
Defensa Nacional deFranco estuvo a punto de hacer otro tanto. El
Cuerpo de Seguridad y Asalto finalizaba así su existencia, con sus cuatro
cortos años de vida, demostrando su lealtad a la República y su eficacia
en la resolución de alteraciones de orden público.
Concretamente
en la zona republicana el mantenimiento del orden público durante este triste período, fue la mayor preocupación de las autoridades civiles provinciales y locales, subvertido por varias razones: desde la improcedente declaración de la amnistía general a los detenidos, decretada el 20-07-36, que dejaba en libertad a criminales y maleantes, hasta la ausencia de fuerzas armadas capaces de acabar con este caos generado por la disolución de la autoridad gubernativa y la partida precipitada hacia el frente de los militares,
el Cuerpo de Seguridad y Asalto y la Guardia Nacional Republicana (guardias civiles leales a la
República), refundidos como ya hemos dicho en el Cuerpo
de Seguridad Interior.
Tras la Guerra Civil (1936-1939) la Policía
española experimentó una nueva remodelación bajo la dictadura del General
Franco: La Ley de 3 de agosto de 1939, que reorganizaba la administración de la zona Nacional estableciendo de nuevo las Direcciones Generales. Así, de la de Seguridad dependería ahora un nuevo organismo denominado Inspección General de Policía Armada y de Tráfico. Esta Ley sería desarrollada por un Decreto de 8 de septiembre de 1939, que, a la vez, lo sería por una Orden de 7 de octubre de 1939, donde se establecía que de la citada Inspección General dependerían Seguridad y Asalto y los Vigilantes de Caminos. Además, adaptaba su estructura de acuerdo con las ocho Regiones Militares existentes -delimitadas por Orden del 4 de julio de 1939-,
eran:
Primera Región: Madrid, Toledo, Cuenca, Ciudad Real, Badajoz, Cáceres, Ávila y Segovia.
Segunda Región: Sevilla, Córdoba, Huelva, Cádiz, Málaga, Granada, Jaén y Almería.
Tercera Región: Valencia, Alicante, Castellón de la Plana, Murcia y Albacete.
Cuarta Región: Barcelona, Tarragona, Lérida y Gerona.
Quinta Región: Zaragoza, Huesca, Teruel, Guadalajara y Soria.
Sexta Región: Burgos, Logroño, Navarra, Álava, Guipúzcoa, Vizcaya, Santander y Palencia.
Séptima Región: Valladolid, Salamanca, Zamora, León y Asturias.
Octava Región: La Coruña, Lugo, Orense y Pontevedra.
A pesar de lo dicho hasta ahora, algunos autores consideran que en estas fechas aún no existía la Policía Armada, afirmando que dicho organismo nació con la famosa Ley de 8 de marzo de 1941, desarrollada par un Decreto de 31 de diciembre de dicho año. Quizá, la razón radique en el hecho de que, como consecuencia de la misma, se cambió el nombre al Cuerpo de Seguridad, Asalto y Vigilantes de Caminos por el de Policía Armada y de Trafico. Sin embargo, como queda patente en los textos legales señalados con anterioridad, esta denominación ya había aparecido, integrando los Cuerpos citados. Respecto a la misión que se le asignaba en la citada Ley era la de "vigilancia total y permanente, así como de represión cuando fuera necesario".
El nuevo Cuerpo estaría constituido por el personal que procediendo de la policía hubiera obtenido en la misma la categoría de oficial; por los suboficiales, sargentos, clases y guardias que, habiendo pertenecido al Cuerpo de Seguridad y Asalto, hubieran superado de forma favorable su expediente de depuración; por último, por el personal seleccionado en la convocatoria del 15 de septiembre de 1939.
El escalafón se establecería según los siguientes requisitos señalados por la citada Ley: los oficiales, de acuerdo con sus categorías, destinándose a la sección de Tráfico quienes reunieran las condiciones para ello. Para los demás se crearían escalafones por especialidad, ordenándose dentro de los mismos de forma separada y de acuerdo con su categoría. El ingreso en la misma se realizaba mediante convocatoria publicada en el Boletín Oficial del Estado, mediante examen, a través de la Academia Especial donde se realizaría un curso de preparación que nunca sería menor de cuatro meses. El ascenso a Cabo podría obtenerse por méritos contraídos en el Servicio, o por antigüedad; pero, siempre, con un examen previo de aptitud. Los ascensos a Sargento y Brigada se obtendrían por antigüedad o por elección. Por último, los Brigadas que llevaran tres o más años de servicio y no hubieran tenido ninguna nota desfavorable podrían cubrir hasta el 30% de las plazas vacantes de Alféreces o Tenientes. El ascenso a este último empleo tendría lugar por el mismo sistema de antigüedad, pudiendo optar al 30% de las vacantes.
Se militarizaba completamente el Cuerpo, que hasta entonces sólo lo había estado en cuanto a régimen interno. Este hecho quedaba reflejado en la organización militar que se adoptó para la Policía Armada. Las razones de la misma las encontramos en los Apuntes para el Manual del Cuerpo de Policía Armada y de Tráfico. En el mismo, refiriéndose a la organización de este Cuerpo se dice:
"Es la parte de la organización militar que tiene por objeto fijar el modo por el cual han de reclutarse, conservar y combinar proporcionalmente los componentes de la misma, atendiendo a que en cualquier momento que la nación la necesite puede hacerse de las fuerzas que la componen un eficaz empleo (...) ".
Siendo las fuerzas de Policía Armada, en lo que a nuestra nación se refiere, la base del orden público, la importancia de su organización sube de punto teniendo en cuenta que, disponiendo de una excelente preparación, pueden servir en caso de conflicto armado como primera tropa de cobertura. Hasta que normalizado el contingente de fuerzas que haya de entrar en acción, pasen, además, a sus otros cometidos, como son los de salvaguardias, orden público y garantía de las personas y cosas"
Esto explica porque la Policía Armada se estructuraba, al igual que en el caso del Ejército, en ocho Regiones Militares con una circunscripción cada una, añadiendo dos comandancias más: una en las Islas Canarias y otra en las Baleares. La Jefatura de cada una de ellas radicaría en la capital de la Región Militar correspondiente: I (Madrid), II (Sevilla), III (Valencia), IV (Barcelona), V (Zaragoza), VI (Burgos), VII (Valladolid), VIII (La Coruña), Canarias (Santa Cruz de Tenerife) y Baleares (Palma de Mallorca). Salvo en el caso de la VI, donde por razones políticas Bilbao -ciudad industrial y republicana- sustituía a Burgos -ciudad conservadora y nacional-, y de la VII donde Oviedo (capital de Asturias y provincia minera a izquierdista) lo hacía con Valladolid (ciudad de perfiles políticos similares a los de Burgos). Las circunscripciones estarían regidas por tenientes coroneles. Estos serían, a la vez, los jefes de las Comandancias de la plaza donde residían. Cada circunscripción constituía una Unidad administrativa, existiendo los cargos, por tanto, de Jefes de Detall y Contabilidad, y Cajero y Habilitado. El nuevo Cuerpo se dividía en dos grandes bloques: Fuerzas de Policía Armada y Fuerzas de Policía de Tráfico. La Policía Armada propiamente dicha estaba formada por:
Compañías y Secciones móviles o de guarnición (Infantería).
Grupos de Caballería de tres Escuadrones.
El Batallón de Conductores.
La Policía de Tráfico la componían ocho compañías, una por circunscripción. En el caso de la Infantería, más interesante que las unidades citadas era la agrupación de las mismas en unidades mayores, como las Banderas móviles y las Banderas de Guarnición. La primera, tenía unos efectivos menores que un Batallón del Ejército en tiempos de paz. Por el contrario, la segunda, era mayor que la unidad citada del Ejército. En Caballería, los Grupos tenían una composición similar a la unidad homónima del Ejército, pero todos sus escuadrones eran de sables. Veamos ahora la composición de estas Unidades:
La Bandera Móvil estaba mandada por un comandante. Afecto a su Plana Mayor llevaba dos oficiales subalternos -normalmente tenientes, uno que hacía de ayudante y el otro de Médico-, pudiendo ser éste de la categoría de capitán; un sargento para la oficina de mando, auxiliado por un cabo y cinco policías que formaban la escuadra de mando, compuesta de corneta, practicante auxiliar, Maestro armero y el enlace. Junto a la Plana Mayor, la Bandera estaba formada por tres compañías móviles y una compañía de Especialidades. Las compañías móviles estaban compuestas de tres secciones con un suboficial en la Plana Mayor de la compañía, dos cabos para las escuadras de mando o de protección química y desimpregnación, disponiendo cada compañía de un corneta como mínimo. Las secciones, mandadas por el suboficial y los dos tenientes, estaban compuestas de tres pelotones. Los pelotones, mandados por sargentos, por dos escuadras cada uno. Por último, las escuadras, por un cabo y cinco policías. Así pues, la plantilla de una compañía de este tipo era un capitán, dos tenientes, un suboficial, nueve sargentos, veinte cabos y noventa y cinco policías.
Junto a estas compañías, existía la de Especialidades, formada por una Plana Mayor, tres secciones -ametralladoras, fusiles ametralladores y guarnición, cada una al mando de un teniente- y un Batallón de morteros. Su jefe, como en las anteriores, era un capitán; constando, de tres tenientes, un suboficial, siete sargentos, diecisiete cabos -uno de ellos al frente de la escuadra de mando- y ciento siete policías. La sección de ametralladoras constaba de dos pelotones. El pelotón, mandado por un sargento, de dos escuadras. La escuadra de ametralladoras se componía de un cabo y cinco policías al cuidado de una máquina. Total: 1 teniente, 2 sargentos, 4 cabos, 20 policías y cuatro ametralladoras.
La sección de fusiles ametralladores estaba formada, también, por dos pelotones. El pelotón, de dos escuadras. La escuadra de fusiles ametralladoras la formaban un cabo y seis policías, con dos fusiles ametralladores. Total: 1 teniente, 2 sargentos, 4 cabos, 24 policías y 8 fusiles ametralladoras.
La sección de guarnición constaba de dos pelotones. El pelotón, de tres escuadras. La escuadra estaba formada por un cabo y ocho policías. Total: 1 teniente, 2 sargentos, 6 cabos y 48 policías.
Por último, la compañía de Especialidades constaba de un pelotón de morteros, mandado por un sargento y compuesto de dos escuadras. La escuadra de morteros estaba formada por un cabo y cinco policías, con un mortero de 50 mm. Total: un sargento, dos cabos, diez policías y dos morteros de 50 mm.
Por tanto, el efectivo de una Bandera móvil era de un comandante, cuatro capitanes, once tenientes, cuatro suboficiales, treinta y cinco sargentos y trescientos noventa y siete policías.
La Banderas de guarnición, mandadas, como en el caso anterior, por un comandante, constaban de una Plana Mayor a la que pertenecían dos oficiales subalternos -normalmente tenientes-, actuando uno como Ayudante y el otro como médico -pudiendo ser, como en el caso anterior, un capitán-, un sargento afecto a la oficina de esta Plana Mayor, un cabo jefe de la escuadra de mando y ocho policías. La Bandera de guarnición constaba de cinco compañías: cuatro móviles y una de guarnición. Las primeras tenían una composición igual a la de la Bandera móvil.
Sumando todas ellas, la Bandera constaba de cuatro capitanes, ocho tenientes, cuatro suboficiales, veinticuatro sargentos, setenta y seis cabos y seiscientos ocho policías. La compañía de guarnición estaba compuesta de tres secciones, cuya plantilla era igual a la de la Sección de guarnición de la compañía de Especialidades de la Bandera móvil. Los integrantes de esta compañía eran un capitán, dos tenientes, un suboficial para la oficina de la misma, seis sargentos, diecinueve cabos -uno de ellos al mando de la escuadra de mando- y ciento cincuenta y dos policías. En total, los efectivos de una Bandera de guarnición eran un comandante, cinco capitanes, doce oficiales subalternos, cinco suboficiales, treinta y un sargentos, noventa y seis cabos y setecientos sesenta y ocho policías.
El Grupo de Caballería estaba mandado por un comandante, con una Plana Mayor compuesta por tres tenientes que desempeñaban los cometidos de Ayudante, Médico -pudiendo tener la categoría de capitán- y Veterinario. Afecto a esta plana de mando se encontraba también un sargento para la oficina de la misma, un cabo jefe de la escuadra de mando, el trompeta, el ordenanza, el guarnicionero y enlaces, con un total de dieciséis caballos. Además de la Plana Mayor, el Grupo constaba de tres escuadrones. Cada escuadrón, mandado por un capitán, tenía cuatro secciones y una escuadra de mando. Cada sección, mandada por un teniente, constaba de tres escuadras y un guardia ordenanza. Cada escuadra estaba compuesta por un cabo y siete policías. Por tanto, un escuadrón constaba de un capitán, cuatro tenientes, un suboficial "para cometidos propios de su empleo", cuatro sargentos, trece cabos -uno al mando de la escuadra de mando-, noventa y cinco policías y ciento diecisiete caballos.
Sumando los escuadrones y la Plana Mayor, el contingente total de la plantilla correspondiente al Grupo era de un comandante, tres capitanes, quince tenientes, tres suboficiales, trece sargentos, cuarenta cabos, doscientos noventa y seis policías y trescientos sesenta y siete caballos.
El Batallón de Conductores, al mando de un teniente coronel, estaba formado, en 1944, por una Plana Mayor con sede en Madrid, seis compañías al mando de capitanes y jefaturas en Madrid
(lª y 3ª), Sevilla (2ª), Barcelona (4ª), Zaragoza (5ª) y Palencia (6ª). Por último, las Compañías de Tráfico, al mando de un capitán, se subdividían en secciones, cuyo número dependería de las necesidades del sector que se tuviera que cubrir. Las secciones se componían de pelotones y estos, a su vez, en escuadras. Por tanto, no existía una plantilla fija para estas unidades, ya que el número de sus integrantes variaba de acuerdo con la amplitud a importancia del sector que cubrían. La Inspección General de la Policía Armada era el elemento de coordinación de todos los integrantes de las fuerzas de Policía Armada y Tráfico. Estaba regida por un General con sus correspondientes órganos de mando. En esta inspección existían diferentes secciones: Sanidad, Organización y Personal y Justicia.
La Jefatura de Policía de Tráfico, dependiente de la Inspección General, estaba al mando de un teniente coronel. Igualmente, y con relación al Ministerio de Industria y Comercio, así como de la Presidencia del Gobierno y demás organismos correspondientes, desempeñaba el cargo de Secretario Nacional del Servicio del Tráfico en España. Afecto a esta Jefatura se encontraba un Capitán-Ayudante y tres tenientes para los servicios auxiliares de la misma. Igualmente dependía directamente del Inspector General el centro cultural denominado Academia Especial de la Policía Armada y de Tráfico al mando de un Teniente Coronel Director. También existía, afecta a la Inspección General de la Policía, una banda de música al mando de un Músico Mayor del Ejército con destino en la Policía Armada y que era director técnico de la misma.
El uniforme del nuevo
Cuerpo estaba fabricado en paño
gris. En verano, se utilizaba una tela más fresca. En diario, se utilizaba capote, guerrera cerrada, botas -con cordones hasta arriba- y gorra de plato.
El cinturón de la guerrera era rojo, y la visera de charol brillante con barboquejo de charol negro con hebilla dorada. El pantalón era tipo calzón en invierno; mientras que, en verano, era recto.
Debido al color de los nuevos uniformes, rápidamente se ganaron el apodo "los grises"; denominación
que perduró hasta poco después de la muerte de Franco,
acaecida el 20 de noviembre de 1975. Por último, el correaje era negro con tahalí mixto para machete o porra.
En instrucción, se utilizaba sahariana, pantalón tipo noruego, bota de media caña corta, gorro con cordoncillo, correaje negro con funda de pistola -oficiales y suboficiales-, y cartucheras con tahalí -sargentos, cabos y policías-.
En el primer periodo, el uniforme portaba en los bordes del cuello unos rombos y en el cinturón de la gorra una tira o galón, que era rojo y con bordes negros para las unidades móviles y negro con borde de igual color para las de Guarnición.
La Policía Armada de Tráfico utilizaba pelliza color marrón oscuro, calzón de montar de forma inglesa de gabardina gris, guerrera gris, botas, casco protector, gafas, guantes, correaje y pistolera de color marrón, y gorra de plato gris.
La Policía Armada y de Tráfico dispuso de una gran variedad de armamento, igual al que había disfrutado la Guardia de Asalto: fusil Mauser modelo 1893, pistolas Astra y Star, fusil ametrallador modelo 1925, ametralladoras pesadas y ligeras Hotchkiss, granadas Lafitte, y la de mano tonelete, morteros Varelo de 50 mm. Modelo 1932 y gases lacrimógenos.
Las
funciones de la Policía española se dividieron en 1.952 entre el El Cuerpo de la
Guardia Civil, Cuerpo General
de Policía (anterior de Investigación y Vigilancia ) y el Cuerpo de Policía
Armada y de Tráfico (anterior de Seguridad y Asalto).
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Carga
policial a caballo contra los estudiantes que se manifestaban en
el exterior de la antigua fábrica de tabacos (Universidad de
Sevilla) en la calle San Fernando (28 de marzo de 1968)..
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Policía
Armada en la antigua fábrica de tabacos (Universidad de Sevilla)
para proceder al desalojo de los estudiantes (29 de marzo de
1968)..
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En 1978,
las
Fuerzas de Policía Armada se reorganizaron una vez más como Policía Nacional
y el extinto Cuerpo General de Policía, que cambió su denominación por
el de Cuerpo Superior de Policía, de la mano del Ministro de la Gobernación de aquél entonces, Rodolfo
Martín Villa. La Guardia Civil no tuvo renovaciones de importancia en este
periodo, asumiendo sin embargo, un gran protagonismo durante todo el tiempo
que duró la dictadura de Franco.
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A
la izquierda,
una Unidad ciclista de la Policía Armada y de Tráfico (Ley de 8
marzo de 1941).-
A
dicho Cuerpo se le encomienda la vigilancia total y permanente, así
como la represión, cuando fuere necesario y tiene a partir de
este momento carácter y organización eminentemente castrense y
sus componentes quedan sujetos al Código de Justicia Militar |
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En
la imagen de la derecha podemos ver una "cuadrilla" y
"capataz" de uniforme, en el año 1966.
Un flamante Cristo de la Sangre entra
por primera vez en la Iglesia de San Benito (Sevilla)
Un viaje en el tiempo, una instantánea
insólita e irrepetible:
Era la mañana del 6 de Marzo de 1.966, el recién
terminado Cristo de la Sangre a hombros de un pelotón del Cuerpo de
Policía Armada y de Tráfico (hoy Cuerpo Nacional de Policía), (*)
entra por primera vez en su parroquia donde seria bendecido esa
misma mañana por el Cardenal Arzobispo Dr. Don José María Bueno
Monreal.
La sagrada imagen fue llevada en un camión hasta
la Puerta Carmona, donde fue recogida y portada por
21 Policías Armadas hasta la Iglesia.
Luego se puede afirmar que
estamos ante la primera cuadrilla del Cristo de la Sangre. |
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A la
izquierda, la banda montada de la Policía Armada (caballería)
delante de la Cruz de Guía de la Hermandad penitencial de San
Benito (*) en el Martes Santo de 1968 por la calle Oriente (actual
Luis Montoto) en Sevilla.
(*)
El Cuerpo Nacional de Policía es Hermano honorífico de esta
Hermandad de Penitencia de la Semana Santa sevillana. |
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En la imagen de la
derecha, Fuerzas de la Policía Armada, protegiendo una
concentración de ultraderechistas de Falange, días después del
asesinato por ETA (20-12-1973), del Presidente del Gobierno de
Franco, Almirante Luis Carrero Blanco, su conductor, José Luis Pérez
Mojena y su escolta, Juan Bueno Fernández, en el lugar donde los
mataron salvajemente: Calle Claudio Coello de Madrid. |
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La larga historia ininterrumpida de servicio público de la
Policía española, siguió su transcurrir en el tiempo, sucediéndose en España
numerosos acontecimientos históricos, que incidieron de manera notable en el devenir de
la institución policial.
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| Arriba,
Sala de Operaciones de 091, década de los sesenta. |
Arriba, Madrid, calle Correo, 13 de
septiembre de 1974. Aquel día ETA hizo explosionar un artefacto en la
céntrica cafetería Rolando, a escasos metros de la Dirección General de
Seguridad. A esa cafetería "iban policías" (verdadero objetivo
de la banda criminal), pero el resultado fue de DOCE muertos y OCHENTA
heridos, y entre ellos no había NI UN SOLO POLICÍA. Todos los muertos y
heridos eran civiles |
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Bibliografía:
Como puede deducirse fácilmente, la información que contiene esta investigación no
ha sido obtenida en un día, sino que es fruto de una intensa búsqueda. Desgraciadamente no
todas las fuentes son originales, ya que la mayoría están fallecidas, sino a base de los pocos libros que hay publicados y al alcance de las nuevas generaciones de POLICÍAS de ESPAÑA.
La mayoría de las obras sobre la historia de la POLICÍA española, son obras generalistas más interesadas en el aspecto bélicopolítico que propiamente en el aspecto
de antecedentes, de anecdotario y de organización policial. No obstante, algunas autores actuales, que ostentan además la condición de funconarios del Cuerpo Nacional de Policía y editoriales contemporáneas intentan recuperar el tiempo perdido y nos deleitan con textos trabajados, cuidados y repletos de datos. Todas las obras que indico a continuación, contienen información interesante para los amantes del detalle (mi caso); sólo hay que tenerlas a disposición y tener ganas y tiempo para encontrarlas.
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"El
derrumbamiento de la monarquía. Memorias de mi paso por la Dirección
General de Seguridad".
Emilio Mola Vidal, General y ex-Director General de Seguridad en el último
gobierno de Alfonso XIII, tras la caída de la Dictadura del General
Miguel Primo de Rivera
-
"Así
cayó Alfonso XIII".
Miguel Maura Gamazo, ex-Ministro de la Gobernación de la IIª República
Española
-
"Historia
del Ejército Popular de la República",
Ramón Salas Larrazábal.
-
"Historia General de la Guerra de España", Ramón Salas Larrazabal.
-
"Historia
de la Policía española".
Julio de Antón, Comisario Principal del C.N.P.
-
"Transformaciones
y cambio en la Policía española durante la IIª República",
José María Miguélez Rueda, Historiador y funcionario del C.N.P.
-
Separata
central de la revista "Policía".
Antonio Viqueira Hinojosa
-
"Muñoz Grandes, el General de la División Azul".
Fernando Vadillo
-
"Proces
a la Guardia Civil".
Manel Risques y Carles Barrachina
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